sábado, 27 de agosto de 2011

HISTORIA



ANTECEDENTES
Un grupo de profesionales de la educación con amplia experiencia en medicina alternativa y competencias afines, se han congregado en torno a la idea de dar una respuesta, de sensibilidad social y responsabilidad cívica, para atender a una de tantas necesidades que se registran en el perfil de la problemática de la educación superior del país: la de la formación médico-alternativa en las distintas áreas de especialización: Estética y Cosmética Natural, Gastronomía y Nutrición Natural.
Para ello. Y después de varios meses de estudio, han elaborado este PROYECTO DE CREACIÓN DEL INSTITUTO SUPERIOR TECNOLÓGICO MANUEL LEZAETA ACHARAN (ITMLA), con el objeto de someterlo a las autoridades e instancias legales competentes, para su estudio y su aprobación.
La creciente complejidad del conocimiento y de las tecnologías médicas no convencionales, justifica la conveniencia de proponer un tipo de formación profesional por los siguientes motivos, entre otros. Citamos los cuatro más sustantivos:
a)      En el país existen varias clases de instituciones que profesionalizan a sus destinatarios en la medicina convencional de nivel universitario. La medicina no convencional o alternativa, aunque evidencia un auge a nivel mundial no tiene el debido eco en el país y, no obstante, existan centros de formación, casi ninguno de ellos es de nivel superior;
b)      Así mismo, y en la ciudad de Ambato, y en toda la Provincia de Tungurahua, no se registra  la existencia de ningún centro de educación con tales características;
c)       La medicina no convencional se muestra como una alternativa importante para las poblaciones de escasos recursos en un país donde la asimetría social es, desafortunadamente, su carta de presentación; y,
d)      Cada vez más y de forma creciente, altos porcentajes de la población (Cfr, el Estudio de la Demanda Social y del Mercado Ocupacional) van optando por una medicina que siendo más barata y accesible, es parte substancial de la propia identidad de nuestro pueblo.

Consecuentemente, y por las razones expuestas, el propósito de este proyecto, que se somete a consideración  para su aprobación legal, es informar no sólo sobre las motivaciones que justifican este accionar, sino presentar los estudios referenciales de los cuales se parte, el plan estratégico y de gestión que cubre su dinamia, el marco doctrinal que subyace a la propuesta, el diseño curricular que guía la acción académica y las metodologías operativas que legitiman su práctica.

El proyecto de creación que nos proponemos y que se convertiría en el primer instituto de educación superior de medicina alternativa de la Provincia de Tungurahua, y por desleal con otras instituciones sino de llenar un imperativo vacío que ante el cual pretendemos dar una respuesta no sólo ética sino profesional y técnica.

LEGALIDAD DEL INSTITUTO.

La comisión Académica del CONESUP, en sesión de 26 de septiembre del 2006 analizo el informe técnico preparado por el Proceso de Proyectos Académicos de la Secretaria Técnica Administrativa y resolvió recomendar al Pleno del Consejo la Creación del INSTITUTO SUPERIOR MANUEL LEZAETA ACHARAN mismo que funcionara a  partir de la fecha con resolución RCP. S14: Nº 246.06.


ESBOZO HISTORICO DE MANUEL LEZAETA ACHARAN
Manuel Lezaeta Acharan recién egresado del colegio, con la intención de materializar los ideales propios de sus 18 años, ingresó en 1899 a la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile. Tuvo esclarecidos maestros tales como David Benavente en Anatomía, Adeotato García Valenzuela en Química y Dr. Enrique en Física. Por compañeros a Vargas Salcedo, Díaz Lira, Guiglioto y muchos otros que después fueron médicos notables.
A sus dolencias al estómago vinieron a sumarse manifestaciones catalogadas como enfermedades sociales, las que le impidieron continuar sus estudios.  Comenzó así a deslizarse por el plano inclinado de las radiografías y del uso de venenos como el mercurio, hasta oír el veredicto final enfermo de Sífilis y Gonorrea, sin remedio.
Fue tratado durante largos años de este mal por profesores y especialistas.  Todo en vano.
Nos bastan sus palabras para comprender la intensa tragedia: “Un día me di por vencido, dice, en el empeño de librarme de mis males que me hacían intolerable la vida y me resigné a morir a corto plazo”.
Sin embargo, tenía todavía muchas miserias que sufrir, amarguras que beber en el cáliz de la experiencia, antes de redimirse de sus dolencias.
Un acontecimiento providencial, totalmente inesperado, cual luz en el camino de Damasco, le señaló de súbito la senda de la salud e iluminó su entendimiento.  Un día cualquiera  en que huyendo de sí mismo había ido a un balneario del sur, se cruzó, en el pasillo de salida de la residencia, con un sacerdote capuchino, quien al verlo lo interceptó con su bastón para espetarle:
-“Has venido a verme” y, sin esperar respuesta, agregó:  -“Anda a mi consulta, porque si no te pones en mi tratamiento, te vas a morir muy luego”.
Bajó enseguida el bastón dejando el paso franco y se alejó.

Con la rapidez del rayo agolpáronse en la mente de Manuel toda clase de cavilaciones, pensamientos e interrogantes. ¿Quién era ese ser que tal sólo al verlo había adivinado su tragedia? ¿Por qué le había hablado así? ¿Acaso podría existir algún médico famoso a quien no hubiera ya consultado?.
A pesar de abrigar pocas esperanzas, pues los fracasos con los remedios y las medicinas lo habían puesto escéptico, consiguió serenarse y averiguara la identidad del personaje. Resultó ser nada menos que el Padre Tadeo de Visent, famoso ya por sus extraordinarias curas con el agua fría.
Lo visitó, aunque para ello tuvo que de dejar en la antesala todo el orgullo del estudiante de medicina que se rebelaba ante la posibilidad de aceptar opiniones de un profano, de un no médico, de un posible curandero, pero necesitaba la salud, viniera de donde viniera.
Emocionado oyó del padre la buena nueva: sanaría siempre que se sometiera con constancia a su tratamiento.  Consistía éste en caminar al alba descalzo sobre el rocío, ascender enseguida los cerros, para volver luego a entregarse de lleno a la práctica de los chorros de agua fría, los paquetes húmedos y los baños de vapor.
¡Por fin una puerta abierta, dejándole entrever un nuevo horizonte de bienestar! No trepidó.  La cruzó con la decisión del náufrago que se aferra a una  tabla de salvación.
Le esperaban grandes sorpresas.
Con los remedios y los medicamentos específicos habían desaparecido los síntomas de su enfermedad; de su piel, la roséola; de su garganta, las placas y de sus órganos genitales los flujos y los chancros; empero la inapetencia, el insomnio, el estado depresivo y la alteración nerviosa habían llegado a tal extremo que sentía que “cada noche era la última de su vida”.
No sólo el tratamiento aconsejado por el Padre Tadeo, fue diferente, sino también los resultados.  Las primeras aplicaciones de agua fría le hicieron sentirse mejor, concilio el sueño y recuperó el apetito. Esto fue alentador, pero no fue el recrudecimiento de los síntomas agudos. Entonces alarmado volvió a consultarlo:
-“Me estoy pudriendo, padre” alcanzó a murmurar Manuel.
La inmediata respuesta del Padre casi lo dejó helado: “Muy bueno, la naturaleza está expulsando de tu cuerpo las impurezas que la medicina te echó a la sangre” y ante su sorpresa, aconsejó: “Persiste, ten constancia”.
No había dudas de que se enfrentaba con un criterio y un método totalmente opuesto al conocido en la Escuela de Medicina, ya había empezado y debía practicar hasta sus últimas consecuencias todas las instrucciones del Padre, por disparatadas que a veces le pareciesen.  El resultado fue óptimo.  Sus fuerzas renacieron y el alma volvió al cuerpo.
A medida que sanaba, iba creciendo su admiración por el Padre Tadeo y su entusiasmo por el método de cura natural que lentamente lo redimía de todas sus enfermedades.  Primero actuó como un autómata acatando con “la fe del carbonero” todo lo que él le decía o mandaba, luego lo prodigioso de su mejoría sintió ansias de mayores conocimientos, necesitó averiguar si estaba ante un milagro o bien todo obedecía a leyes para él desconocidas.
Trató de aprender del Padre Tadeo, para ello lo siguió por más de nueve años.  Al fin se convirtió en un majadero que continuamente lo abrumaba con preguntas:
¿Por qué esto? ¿Cómo explica esto otro?
Colmada ya su paciencia, el Padre contestaba: “Yo lo sé y tú te callas”.
Ante muchas preguntas sin respuesta, cayó en cuenta que, en realidad, el Padre no conocía las causas de algunos trastornos, ni los efectos de algunas aplicaciones y que carecía de la filosofía suficiente para explicar los fenómenos atinentes a la salud y a la enfermedad.
Sin embargo, las enseñanzas del Padre Tadeo, habían significado para él toda una revelación que trajo luz a su mente atribulada y bienestar a su cuerpo enfermo.  Se propuso avanzar, y avanzó por los senderos de la naturaleza, cada día una nueva experiencia y cada nueva experiencia una nueva enseñanza.


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